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Bodegón de Estudio III, Cuentos de Cortázar,
Instrucciones para subir una escalera.
Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia
el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el
plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano,
para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en
línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la
mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente,
se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos
peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y
adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que
cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas,
pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás
o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en
mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque
no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al
que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se
comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta
casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el
escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos
pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero
que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del
pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en ‚este
descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños
son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La
coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación.
Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta
repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la
escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija
en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso
Bodegón de Estudio III, Cuentos de Cortázar.
La cucharada estrecha.
Un fama descubrió que la virtud
era un microbio redondo y lleno de patas. Instantáneamente dio a beber una gran
cucharada de virtud a su suegra. El resultado fue horrible: esta señora
renunció a sus comentarios mordaces, fundó un club para la protección de
alpinistas extraviados, y en menos de dos meses se condujo de manera tan
ejemplar que los defectos de su hija, hasta entonces inadvertidos, pasaron a
primer plano con gran sobresalto y estupefacción del fama. No le quedó más
remedio que dar una cucharada de virtud a su mujer, la cual lo abandonó esa
misma noche por encontrarlo grosero, insignificante, y en un todo diferente de
los arquetipos morales que flotaban rutilando ante sus ojos.
El fama lo pensó largamente, y al final se tomó un
frasco de virtud. Pero lo mismo sigue viviendo solo y triste. Cuando se cruza
en la calle con su suegra o su mujer, ambos se saludan respetuosamente y desde
lejos. No se atreven ni siquiera a hablarse, tanta es su respectiva perfección
y el miedo que tienen de contaminarse.
Bodegón exterior II, Bodegón encontrado.
El Mito de Aracne.
Los bodegones encontrados muestran cierta
espontaneidad, todo está curiosamente ordenado de “manera fotográfica”
esperando a ser plasmado.
En esta serie está presente el concepto de bodegón
como: la ordenación azarosa o premeditada de una serie de elementos dispuestos
sobre una superficie.
En concreto en esta serie se ha fotografiado desde
una angulación cenital los cajones expositores de útiles de costura.
Sombras.
Experiencias.
En este ejercicio se plantea la idea de fotografiar
aspectos de la sombra, su juego con la iluminación hacen de la sombra una temática
interesante para abordar con la fotografía.
En la serie Experiencias, se habla de la vejez y el
paso del tiempo, en forma de papel liso y blanco que tras diversos plegados
adquiere cierto bagaje y arrugas marcadas por la experiencia que podemos
equiparar al envejecimiento del ser humano.
Bodegón de Estudio I, Portada de libro.
Retrato de Dorian Grey.
Basil
Hallward es un artista que queda enormemente impresionado por la belleza
estética de un joven llamado Doria Grey y comienza a encapricharse con él,
creyendo que esta belleza es la responsable de la nueva forma de su arte. Basil
pinta un retrato del joven. Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a
Lord Henry Wotton, un amigo de Basil, y empieza a cautivarse por la visión del
mundo de Lord Henry. Exponiendo un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que "lo
único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los
sentidos". Al darse cuenta
de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea tener siempre la edad de
cuando le pintó en el cuadro Basil. El deseo de Dorian se cumple, mientras él
mantiene para siempre la misma apariencia del cuadro, la figura retratada
envejece por él. Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de
libertinaje y perversión; pero el retrato sirve como un recordatorio de
los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, con cada pecado la
figura se va desfigurando y envejeciendo.
Bodegón de Estudio I, Portada de libro.
Otelo.
El moro Otelo, general
al servicio de Venecia, ha conquistado el amor de Desdémona, hija del senador
veneciano Brabantio, relatándole sus gestas y los peligros por los que pasó; y
luego se ha casado con ella. Por esto Brabantio le acusa ante el Dux de haber
hechizado y raptado a su hija. Pero Otelo explica de qué manera conquistó
lealmente el corazón de Desdémona, y ésta confirma su relato.
Mientras tanto llega
la noticia de que es inminente un ataque de los turcos contra Chipre, y se pide
la colaboración de Otelo para rechazarlos. Brabantio, de mala gana, cede su
hija al moro, que inmediatamente marcha con ella a Chipre. El alférez Yago, que
ha sido sustituido en el cargo de lugarteniente por Casio, siente un odio
profundo hacia Otelo; Yago ha oído rumores de que el moro ha yacido con Emilia,
su esposa y camarera de Desdémona.
En un primer momento,
Yago logra desacreditar a Casio ante Otelo, haciendo que Casio se emborrache y
turbe la paz pública. En ello le ayuda Rodrigo, que ama, sin ser correspondido,
a Desdémona. Casio, privado de su grado, es inducido por Yago para que ruegue a
Desdémona que interceda en favor suyo; simultáneamente Yago hace nacer en el
ánimo de Otelo la sospecha de que su esposa le engaña con el desgraciado
lugarteniente.
La intercesión de
Desdémona en favor de Casio parece confirmar sus sospechas y crea en el moro
unos furiosos celos. Yago se las ingenia para que un pañuelo que Otelo le había
dado a Desdémona como preciosa prenda (pañuelo recogido por Emilia cuando su
señora lo había perdido) sea hallado en poder de Casio. Otelo, cegado por los
celos, ahoga a Desdémona en su lecho.
Poco más tarde, Casio,
al que Rodrigo había de dar muerte por instigación de Yago, es hallado herido.
Pero a Rodrigo, herido por Yago para evitar que su plan sea descubierto, le
hallan unas cartas que prueban la culpabilidad de Yago y la inocencia de Casio.
Otelo, fulminado por el descubrimiento de haber dado muerte a su inocente
esposa, y tras haber hallado, con motivo del derrumbamiento de su mundo, su
lucidez mental, se mata estoicamente para castigarse.


































